La importancia de tener al día nuestros documentos financieros y últimas voluntades

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Hace ya unos años publiqué un artículo en Domestica tu Economía sobre la necesidad de tener ordenados, controlados y al día nuestros papeles y documentos financieros. Reflexionaba entonces sobre lo poco preparados que solemos estar (de hecho, no lo estamos nunca) para la terrible situación de perder inesperadamente un familiar, afrontar una penosa enfermedad o hacer frente a un accidente o fatalidad, algo que pone literalmente patas arriba nuestra realidad personal y, muy a menudo, también la financiera.

Aquella entrada de 2014 viene a cuento por el inesperado fallecimiento de Luciano, mi padre, el pasado mes de noviembre. Sí, Luciano, el protagonista de mi anterior entrada sobre presupuestos familiares, “Las finanzas personales en los recuerdos del abuelo”, gracias a quien pude hacer un recorrido por las finanzas personales de este país durante la posguerra y los años del desarrollo. Esos recuerdos, publicados muy poco antes de su muerte, quedan ahora registrados como el hermoso legado de un hombre cabal, a quien nadie le regaló nada en la vida y que vivió hasta el último momento con dignidad y salud para contarlo.

Luciano se nos fue en un suspiro, pero incluso después de fallecido nos dio una generosa lección sobre cómo dejar sus asuntos en perfecto estado de revista.

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"No está"

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Para Luciano, in memoriam

“No está”, me dije.

Así. En un instante, hurtado su cuerpo de la materialidad del mundo, arrancada su voz de mi partitura cotidiana, extinguido su olor en la frontera de las cosas. No estaba.

Se fue, pero nada se detuvo. La vida prosiguió inexorable para los que todavía permanecimos, nos negó el respiro de un dolor quieto y paciente, el consuelo de una foto fija ante la que suspirar hondo y ofrecer un adiós más consistente y mejor hilvanado. Nos aturulló con papeles y ruidos, nos acogotó con las rutinas administrativas de la muerte y un puñado de urgencias insoportablemente triviales.

No está, pienso ahora, y sigo braceando en el vacío, tratando de recrear una última caricia. Los silencios se llenan de palabras no pronunciadas, los pensamientos de intenciones nonatas y en cada esquina habita una certitud de ausencia. Su voz en el contestador me anima a responderle más allá de toda esperanza y su último correo en la bandeja de entrada cobra hechuras de epitafio. No está, pero nunca estuvo tan presente. Es entonces cuando me doy cuenta: no se ha ido.

Lo advierto camuflado en mi rutina mañanera ante el espejo, guiñándome tras alguno de mis gestos, tan suyos. Me acompaña discreto cuando observo el mundo, cuando disfruto de la música que a ambos os gustaba, cuando leo las últimas palabras de nuestros columnistas preferidos. Advierto con emoción como pervive también, rotundo, en los ojos de mi hija y en tantos otros afectos familiares. Siento su pulso en ese reloj preferido que ahora porto, y escucho en silencio su viejo consejo ante nuevos azares. El dolor parece así menos árido, una carga algo más mullida y confortable, aunque dolor al fin y al cabo.

Y no. No se ha ido.

Su materia ha estallado por doquier en cuantos de luz, en polvo de estrellas sobre objetos, ideas, sueños, querencias, transformada para siempre en parte inextricable de nuestra existencia, hasta que el universo quiera y nos olvide a todos.

No se ha ido.

Está, y Einstein era un puto genio.  

Memorias sobre finanzas personales

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Mi anterior post publicado en Domestica tu Economía analizaba, a través de la evolución de los presupuestos familiares españoles, el importante cambio económico que ha tenido nuestro país en los últimos 50 años. El artículo interesó mucho a Luciano, mi padrastro, pero más me interesó a mí la conversación que vino después. A sus 82 años, Luciano conserva una memoria prodigiosa, capaz de recordar con precisión nombres, cifras y detalles de hechos ocurridos hace muchas décadas. Decidí aprovechar ese don para compartir con los lectores un retazo de cómo eran las finanzas personales de aquel entonces. Sirva este artículo para completar el homenaje que hace tiempo escribí aquí mismo y que se convirtió en uno de los artículos más leídos del blog.

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