Escribiendo sobre Fake News

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La generación y difusión deliberada (y a menudo encubierta) de información falsa con el fin de influir en la opinión pública u oscurecer la verdad es tan vieja como la humanidad. La razón de su popularidad parece evidente: con la ayuda de la desinformación, el poder en sus diversas facetas (personal, político, económico, militar…) se puede ganar, prolongar o destruir.

Mi nuevo artículo en Agenda Pública trata sobre el fenómeno de las fake news en el siglo XXI,  que ha alcanzado visibilidad global con el boom de las tecnologías de la información y de las redes sociales.

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Criticar con sensatez y respeto es posible (II)

He decidio anticipar unos días la continuación a mis reflexiones sobre la crítica, antes que se me indigeste del todo la ensalada de despropósitos que ha supuesto el debate en las redes de las jornadas de investidura.

Como apuntamos en la entrada anterior, en su sentido estricto y etimológico, crítica es el arte de juzgar. Así, como un arte de difícil ejecución, es como deberíamos entenderla y así lo era en la antigüedad. Es generalmente aceptado que fue Aristóteles quien estableció los cimientos de la crítica universal. Su precisión de pormenores, la sutileza de su análisis y la exactitud de sus definiciones han sido el punto de referencia imprescindible hasta nuestros días. A partir de Aristóteles, el arte de la crítica, en todos sus ámbitos, se ha entendido como un ejercicio sistemático y responsable con una triple misión: explicar, clasificar y juzgar.

Conviene subrayar estos dos últimos adjetivos: sistemático y responsable. Sin un estudio minucioso del asunto a evaluar, de sus antecedentes y circunstancias, es imposible efectuar una crítica que merezca tal nombre. Pero además, dicho estudio debe ser responsable; es decir, carente de personalismos, de prejuicios y moderado en sus conclusiones, tanto a la hora de alabar como de censurar. Para efectuar la crítica en los términos acabados de expresar, es necesaria una adecuada formación. Y ello nos obliga a pasar por el filtro de la propia autocrítica. Por tanto, el primer paso debería consistir en ser humilde: reconocer que todo es mejorable, saber considerar las opiniones ajenas aunque nos sean contrarias y admitir nuestros errores, incluso públicamente.

Es legítimo sentir orgullo por nuestros logros, pero su exceso puede llevarnos a la autocomplacencia o, lo que es peor, a la soberbia. Sólo desde este punto necesario de humildad podremos valorar los hechos en su justa medida y evitar los errores más comunes a la hora de ejercer la crítica, a saber:

  • Emitir juicios sobre materias que nos son desconocidas.
  • Confundir la crítica de una obra u acción con la de su autor.
  • Juzgar aquello que no es claro y patente.
  • Basar nuestra opinión simplemente en criterios ajenos, sin tener plena seguridad en la autoridad, veracidad y oportunidad de los mismos.

En conclusión, ejercer la crítica de forma fundamentada, objetiva y respetuosa, no debería ofender a nadie, al constituir una oportunidad de mejora y enriquecimiento general. Ello exige, como se ha dicho, competencia, responsabilidad, humildad y amplitud de miras para reconocer los propios errores y limitaciones.

De hecho, hemos ido avanzando en la historia impulsados por un continuo afán de mejora, y debemos continuar exigiéndonos esta permanente superación. De lo contrario corremos el riesgo de convertirnos en seres blandos y acomodaticios, susceptibles de ser manipulados y dirigidos por cualquier advenedizo oportunista que se cruce en nuestra trayectoria vital.

Diversas reflexiones a vuelatuit

Durante las últimas semanas, muy centradas en el desarrollo de las elecciones catalanas, sus resultados y efectos,  no he dejado de comentar en mi timeline de Twitter este y otros temas de posible interés. A continuación pueden encontrar recopilados algunos hilos de conversación, por si les apetece participar en los mismos con sus comentarios o críticas:

- Ecosistema financiero de las startups en USA

#DUI: Per què li diuen amor si el que volen dir és sexe? (en catalán)

27S: Impresiones a vuelatuit de una jornada electoral apasionante

- Debatiendo sobre la recuperación del empleo de la era Obama

  

Unas reglas de liderazgo con mucho sentido común (II): notas al pie.

Hace unos días publiqué un post que tuvo muy buena acogida y dio lugar a numerosas interacciones en Twitter y LinkedIn, titulado "Colin Powel: unas reglas de liderazgo con mucho sentido común". Uno de los comentarios más interesantes que he recibido hasta el momento es el de Andres Gandía Palau, cuyas palabras transcribo a continuación. Para reflexionar:

No se puede liderar un grupo cuyas tareas no se conocen.

No se puede liderar un grupo sin tener la innata capacidad de influir en el campo en que se actúa.

No se puede influir sin una ética grupal que implica un sistema de premios y castigos.

No se puede liderar sin compatibilizar los objetivos grupales con los personales.

No se puede liderar sin tener una estrategia en cada logro de objetivos.

Liderar es una pesada obligación con muy pocos derechos.

El que lidera es el primero en entrar y el último en salir.

Seguiremos escribiendo sobre liderazgo. Buen domingo a todos.