Esto va de Lentejas

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Falacias lógicas y distorsiones cognitivas

A finales del año pasado publiqué una entrada en Sintetia dedicado a las falacias lógicas que abundan en el debate económico de las redes sociales (y más allá). Aunque el artículo dio mucho juego y propició interesantes intercambios de pareceres, quedó en cierta manera incompleto, puesto que a las falacias descritas debemos añadir la existencia (y persistencia) de numerosas distorsiones cognitivas que también emponzoñan el discurso razonable. Hoy efectuaremos un breve repaso a las más comunes.

1. La Lectura Mental

Solemos asumir lo que saben o creen nuestros interlocutores sobre un determinado tema sin tener apenas evidencia material de ello. Olvidamos que el primer requisito para un intercambio de ideas es escuchar e informarse.

2. El Oráculo del Infortunio

"El futuro económico será catastrófico", "todo irá indefectiblemente a peor", "con este gobierno/esta economía/esta sociedad/este... nos encaminamos al desastre". El Apocalipsis de todos los días, sin matices. No, señores. No todo es tan malo. Ni tan bueno.

3.  El Etiquetado Sistemático.

Tendemos a clasificarnos unívocamente y a etiquetar a los demás con una característica definitoria, que implica a menudo connotaciones negativas. El intercambio subsiguiente acaba siendo condicionado por esa etiqueta. Creamos así bandos, camarillas y fronteras excluyentes, muy aptos para la manipulación de masas.

4. El Filtrado Negativo.

Los debates económicos y de otra naturaleza suelen enfocarse casi siempre en los aspectos negativos del argumento del adversario y raras veces en las coincidencias o las ideas aprovechables. Ello impide avanzar en la construcción de mejores razonamientos o proposiciones. Tener la mente abierta a las facetas positivas de una propuesta que no nos gusta resulta difícil pero imprescindible.

5. La Generalización Universal.

Una de las distorsiones cognitivas más comunes consiste en asignar patrones o conclusiones generales partiendo de datos, comportamientos o hechos aislados, con lo cual simplificamos el discurso, cercenamos el detalle y acabamos estropeando la percepción sensata de la realidad.  

6. El Pensamiento Binario.

Hoy en día, analizar teorías, eventos o personas en términos de "todo o nada" ("malo y bueno", "liberal o comunista",  "verdad inquebrantable o falacia absoluta"...) resulta de lo más normal. Acompáñese de etiquetados y generalizaciones, y obtendremos la receta para liquidar cualquier intercambio de ideas desde el minuto cero

7. La Lapidación Mental.

Nada más sencillo que atribuir la responsabilidad de todos los males de una situación determinada a un ente externo a nosotros mismos, ya sea una persona, una institución, un hecho histórico, un fenómeno natural o una teoría económica/científica/filosófica. Huir como la peste de nuestra propia responsabilidad en la situación o no reconocer la posibilidad de nuestra incorrecta percepción sobre ella nos convierte en esclavos cognitivos.  

8. La Emoción Alienante.

A todos nos ha ocurrido, en numerosas ocasiones, dejarnos llevar por la emoción a la hora de interpretar la realidad o de analizar unos hechos. Tanto pesa el componente emocional, que podemos llegar a acomodar nuestras conclusiones o análisis a los sentimientos concretos del momento, porque somos incapaces de asumir que unos simples datos puedan contradecirlos. Del mismo modo, dejamos que las emociones (negativas) se apoderen de aquellas discusiones en las que vemos peligrar nuestras ideas preconcebidas. De este modo, nos empequeñecemos. Mucho.

Herramientas

¿Qué podemos hacer para no caer en tales distorsiones? En primer lugar, debemos ser conscientes de su existencia y reconocer que nadie es inmune a ellas. Les recomiendo estar atentos y hacer un inventario activo de tropezones propios y ajenos durante la jornada. Se sorprenderán. 

En segundo lugar, les propongo una sencilla guía, resumida en el siguiente gráfico:

Y recuerden, tropezar está permitido... Nobody's Perfect!