Energía y cuentos chinos

Continuando con mi anterior entrada sobre coyuntura energética, hoy comparto una elocuente imagen con ustedes: China no está sustituyendo el carbón; está añadiendo renovables sobre una base fósil que sigue siendo masiva. Esta es una de las claves menos comprendidas del nuevo escenario industrial y geoeconómico.

Como ya apunté en mi última conferencia de Pamplona, la energía ha dejado de ser solo una variable de coste para convertirse en un factor de poder. Hoy es, al mismo tiempo, una cuestión de competitividad industrial, seguridad económica y soberanía tecnológica.

China lo ha entendido bien. Su capacidad para fabricar a gran escala y a bajo coste sigue descansando, en buena medida, sobre una energía abundante, estable y barata, de la que el carbón resulta una parte esencial. Eso tiene implicaciones directas para sectores electrointensivos y estratégicos, desde el aluminio hasta el grafito, pasando por muchas cadenas de valor vinculadas a la transición tecnológica.

Al mismo tiempo, conviene no caer en ingenuidades: buena parte de las tecnologías llamadas “verdes” exige procesos industriales intensivos en energía, materias primas y emisiones. Y, además, la nueva economía digital (centros de datos, inteligencia artificial, infraestructuras de cómputo) multiplica la necesidad de potencia firme y disponible.

Para Europa, este debate ya no es solo climático. Es industrial, estratégico y, en última instancia, civilizatorio. Si nuestras reglas erosionan la capacidad de competir de la industria electrointensiva, habrá que revisarlas con realismo.

La transición energética no es una sola transición. Es doble: descarbonización, sí, pero también infraestructura, redes, respaldo y capacidad. La resiliencia energética y la resiliencia tecnológica son ya dos caras de la misma moneda. En este contexto, el carbón está lejos desaparecer

2026: transición energética, pero menos

Para la Revista Science el imparable aumento de las energías renovables es el gran avance científico de 2025. Coincido en su enorme relevancia, pero eso no va a acelerar la transición energética, por diversos factores que explicaré brevemente.

La transición energética será más larga y compleja de lo previsto. La demanda global de energía crece por industria, la electrificación y los centros de datos. La energía sigue siendo un factor central de poder y competitividad, y más en el contexto actual. Aunque las renovables despliegan con fuerza y se abaratan, su rentabilidad se estrecha. Cambios en subsidios y sobreoferta reducen retornos y reordenan los flujos de capital, afectando a las decisiones industriales a largo plazo. Algo que suele obviarse en el debate público sobre esta cuestión.

Los combustibles fósiles mantienen un sólido caso económico. La transición será prolongada y heterogénea: gas, petróleo y carbón seguirán desempeñando papeles distintos según regiones, recursos y prioridades económicas. Y más todavía en un mundo crecientemente polarizado

El carbón, en concreto, merece un análisis propio. Para muchos países es una reserva estratégica que garantiza energía abundante, barata y vital para su industria. China es el ejemplo paradigmático. Compra carbón barato a Rusia y lo usa para sostener una industria intensiva en energía y CO₂: aluminio, grafito (clave para la transición energética) y manufactura pesada, base de su ventaja en costes. La estrategia china responde a un desequilibrio interno: consumo doméstico débil por envejecimiento, alto ahorro y un sistema de protección social limitado. La salida sigue siendo inundar mercados externos con productos baratos.

EE. UU., por su parte, mantiene una posición muy favorable. La abundancia de combustibles fósiles y autonomía energética convierten a gas y petróleo en protagonistas de su transición y de su estrategia económica. Son factores positivos de poder, no obstáculos.

Además, las tecnologías “verdes” y digitales son altamente contaminantes y energívoras en su fabricación. La producción de estos insumos no se hará en Occidente por restricciones medioambientales; se deslocaliza donde la energía es barata y abundante. Las dependencias estratégicas resultan claras.

A esto se suma el auge de los centros de datos y la IA, que requieren enormes cantidades de electricidad estable y energía de respaldo (baterías). La geografía del poder económico se está redibujando alrededor del acceso a energía barata.

Para Europa, la energía es ya un grave problema de seguridad económica. Las industrias electrointensivas no pueden competir, la automoción entra en crisis y unas reglas mal diseñadas agravan el problema. Si el marco regulatorio daña la base industrial, debería revisarse.

La energía barata no es solo un factor económico: es una condición de la soberanía industrial y del poder. Y se está librando una batalla.

El reto energético europeo: hay que reaccionar

Ahora mismo, el mercado del gas natural, todavía vital para la economía de muchos países, está completamente roto por voluntad de Putin. Los precios de la energía suponen un lastre insalvable para sus economías y su estabilidad sociopolítica. Desde hace meses, sabemos que Rusia iba a utilizar todas las medidas no bélicas a su alcance para presionar al bloque occidental, y muy especialmente a la Unión Europea.

En mi último artículo en Sintetia, reflexiono sobre el estado actual de la cuestión:

España, potencia mineral

España está bien posicionada para suministrar los metales necesarios para construir las baterías del futuro y desarrollar las #renovables y los vehículos eléctricos de Europa. Somos el país más rico en #minerales de la UE.

¿Explotaremos nuestro valor geoeconómico o seguiremos mareando la perdiz?

Más información: España, el país más rico en minerales de la UE, podría convertirse en el principal productor de cobalto- El Periódico de la Energía (elperiodicodelaenergia.com)

El coste en recursos de la transición energética

El sector metalúrgico y minero deberán proporcionar las materias primas necesarias para una transición energética que se quiere acelerar. La disponibilidad de éstas tendrá que aumentar rápidamente y, en algunos casos, en volúmenes diez veces o más que el tamaño actual del mercado.

Se espera escasez de materiales, subidas de precios y una necesidad creciente de innovaciones y sustituciones tecnológicas

Que no se nos olvide: para reducir drásticamente la intensidad de las emisiones, las tecnologías renovables requerirán mucha mayor intensidad en la explotación de materiales, en algunos casos escasos, de difícil extracción o desigualmente repartidos. Y con coste medioambiental.