El Gráfico del Pollo

(Dedicado a J. Moisés Martín, Daniel Fuentes Castro, Javier G. Jorrín y Jorge Díaz Lanchas, con mi aprecio y respeto sinceros)

Hay pocas cosas que me saquen de quicio en la red. Uno acumula ya muchos años de experiencia lidiando con todo tipo de individuos y situaciones, y no es cuestión de perder la calma y las buenas maneras a las primeras de cambio. De hecho, sigo empeñado en no bloquear ni silenciar a nadie, y todavía me ciño a ello. No obstante, hay un comportamiento que me toca la fibra sensible, y es que gente a la que aprecio y respeto intelectualmente me atribuya cosas que no he dicho, actos que no he efectuado e incluso intenciones peregrinas que ni siquiera me han pasado por la cabeza. Eso me ocurrió ayer con este excelente gráfico de Israel Cabrera (alias Absolutexe) que representa la distribución de la población española según la Encuesta de Población Activa del tercer trimestre de 2019. Pocas infografías encontrarán hoy en día que resuman de manera tan clara nuestra estructura laboral:

Tarta-Organigrama-3T-2019.png

El gráfico de Israel (“el pollo”, como le bautizó uno), que no ofrece ningún dato tergiversado ni maquillado (insisto, son datos EPA), formaba parte de un tuit que entonces me pareció bastante claro, aunque ahora ya no estoy tan seguro:

Según algunos de los intervinientes en la conversación que siguió al citado tuit, con la publicación del gráfico estaba poniendo en cuestión la creación de valor de los trabajadores públicos, la sanidad pública, la educación, la investigación y un etcétera de atribuciones que me parecieron ciertamente toscas. Se apuntó incluso que no deberíamos “plantear un debate en estos términos”, cuando en realidad los únicos términos de debate los habían planteado ellos. Alguno recurrió incluso a una conocida falacia lógica, la llamada “straw man” o más propiamente “ad logicam”, esto es, cuando se presenta una versión exagerada o caricaturizada del argumento del interlocutor para desacreditarlo. Debo reconocer que todo ello me dolió e irritó, tanto por considerarlo injusto como constituir un recurso demasiado facilón. Pero como mis enfados duran menos que un suspiro, aquella diatriba emocional es ya agua pasada. No así la intelectual.

Sigo considerando que la reflexión sobre la imagen del gráfico EPA del “pollo” es más que necesaria. Nunca he discutido públicamente, y menos como funcionario que soy, el valor clave de la función pública como sustrato esencial para la sociedad y, por tanto, para la actividad de los agentes económicos. Lo expliqué hace mucho tiempo en otra entrada de este blog: los ciudadanos (y eso incluye a todos, empresarios, trabajadores privados y públicos, desempleados, pensionistas y estudiantes), a través de sus impuestos y sus votos, son como los accionistas de esta empresa común que es España: aportan el capital y, teóricamente, eligen al consejo de administración (gobierno) de acuerdo con sus competencias profesionales y orientaciones estratégicas (programas políticos).

image-asset.png

La “empresa España”, en un ideal de buena gestión, debe perseguir la satisfacción de los intereses de estos ciudadanos-accionistas a través de la creación de valor, esto es, la prestación de unos servicios públicos esenciales que maximicen los recursos empleados, con calidad y de una manera eficiente y sostenible en el tiempo, alejada de florituras y dispendios.

J. Moisés Martín, abundando en este tema, ha compartido un interesante esquema dibujado a mano, que me he permitido pasar a limpio para esta entrada, donde completa muy bien el intercambio de valor al que me acabo de referir:

Estructura económica.png

Sentado nuestro acuerdo sustancial en este tema, quedan todavía los muchos interrogantes que el gráfico de Israel me suscista, todos ellos relacionados con la generación de riqueza y la sostenibilidad del modelo en nuestro país.

Con una EPA que nos dibuja una clara ralentización del empleo (sigan este hilazo del maestro Combarro) y un posible estancamiento estructural de los números del paro en torno de los 3 millones de personas, comprobamos que mientras el empleo público está ya por encima del año 2008, el empleo privado se halla todavía lejos de máximos:

combi.png

En este sentido, es oportunísima la pregunta que se hace Iñaki Bartolomé en mi timeline:

La cuestión es tanto más atinada si atendemos al hecho de que somos el segundo país de la UE con más indicadores en situación de alerta como consecuencia del elevado endeudamiento, el desequilibrio externo y la ya mencionada tasa de paro, debilidades que no hemos podido remediar lo suficiente en el período de expansión que ahora parece terminar. Sumemos a ello que la deuda de la Seguridad Social en agosto alcanzó los 51.193 millones de euros (por los 34.863 millones en el mismo mes de 2018), y que el Gobierno retirará otros 3.500 millones de la hucha de las pensiones para pagar la extra de diciembre, con lo que el fondo de reserva quedará prácticamente agotado, sin más capacidad de reacción.

Ssocial.png

A mayor abundamiento, tampoco vamos a cumplir con nuestro objetivo de déficit, según acaba de advertir la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef). Todo lo apuntado invita a una reflexión en profundidad.

En definitiva, creo que resulta más que adecuado y necesario preguntarnos si, con nuestros datos macroeconómicos y con la estructura poblacional que refleja la última EPA, tan bien representada en el “gráfico del pollo”, nuestro país está preparado para afrontar el futuro a corto y medio plazo con suficientes garantías. Cierto es, como apuntaba Moisés, que el tamaño del “sector verde”del gráfico es menos relevante que la productividad de los factores, pero parece olvidar que la la productividad total de dichos factores (PTF) cayó en España un 10,5% de 1995 a 2017, frente al crecimiento del 4,5% registrado la UE en el mismo período . Si estrechamos más esa base o la asfixiamos, el batacazo será épico. Crear la riqueza necesaria en el siglo XXI requiere de cambios estructurales profundos y de nuevos paradigmas, más allá de las consabidas recetas de impuestos y gasto público. Requiere, asimismo, no hurtar debate alguno a los ciudadanos ni rehuir a priori ningún tipo de solución salida del análisis riguroso, la evaluación de políticas públicas y la iniciativa de todos los actores sociales.

Never surrender, queridos lectores.