El pernicioso paradigma del "Too Big To Fail"

A propósito de la lectura de un interesante artículo de Jesús Cacho en Vozpópuli ("De cómo el FROB se olvidó de los saqueadores de las Cajas"), hace unos días compartí con mi timeline la siguiente reflexión:

El Estado ha puesto casi 62.000 millones sin haber analizado siquiera la posibilidad de dejar quebrar alguna Caja, cuando lo único a proteger hubiera sido el dinero de los depositantes.

Inmediatamente, Carles, uno de mis atentos e interactivos seguidores en Twitter sentenciaba: 

Un banco NO puede quebrar, porque nuestro sistema se basa en la estabilidad del sector bancario. Una empresa que fabrique y suministre bolígrafos puede quebrar, dará mucha pena, pero, si ello sucede, en el sistema no tendrá impacto. Si un banco quiebra, en el sistema pasan cosas, Por eso desde Lehman Brothers ningún banco puede quebrar.

Lo primero que le respondí a mi apreciado lector es que ese "no puede" no se ajusta a la realidad. En Estados Unidos, por ejemplo, más de 400 bancos e instituciones de crédito han quebrado desde el año 2007. Algunos han desaparecido, otros han sido refundados y muchos absorbidos por entidades mayores y más saneadas. Por tanto, para una empresa (y un banco lo es) quebrar puede significar su disolución pero también propiciar un renacimiento con cimientos económicos mucho más sólidos. Precisamente, esa filosofía del "Too Big To Fail", dominante en la regulación y configuración financiera en las últimas décadas, ha sido una de las causas principales del enorme desajuste del sistema actual, al impedir un verdadero saneamiento estructural. En definitiva: si no dejamos caer a una institución financiera podrida, también pasan cosas, y muy graves.

Durante estos últimos años y en multitud de países, hemos sido testigos de continuadas y masivas inyecciones de dinero público (con el consabido impacto en déficit y deuda) para evitar el colapso secuencial de aquellas instituciones financieras consideradas "demasiado grandes para caer". Se argumenta además que, para mejorar el sistema, son necesarias mejores regulaciones y mecanismos de supervisión más robustos, cuestión que no veo nada clara. 

John Kay, uno de los economistas más prestigiosos de Reino Unido, opina que reforzar los mecanismos públicos de supervisión no lleva a ninguna parte, tanto por la secular carencia de recursos técnicos y económicos, como por falta de apoyo político. Hay demasiados intereses en juego. Y añade:

Las llamadas directas desde los consejos de administración bancarios a las oficinas ministeriales se contestan más rápido que nunca.

Las grandes corporaciones financieras utilizan todo su potencial económico y de influencia para sortear los esfuerzos reguladores, que además pecan de falta de conocimiento, cortoplacismo y descoordinación. Los ratios de capital han fracasado en el pasado y lo harán en el futuro. El juego consiste en seguir la letra de las normas y saltarse a la torera su espíritu por la vía de la creatividad, la desfachatez o el riesgo maquillado, diferido, ocultado, económico y moral. Resultado: seguimos socializando las pérdidas derivadas de dicho riesgo. Atacamos los síntomas y apechugamos con las consecuencias en lugar de ir al meollo del problema. 

Por consiguiente, la única manera de afrontar una reforma efectiva es ocuparse de los cimientos y la estructura, y no tanto de la supervisión. Kay nos habla de estructuras financieras pequeñas, especializadas y "resilientes", en lugar de grandes e inextricables conglomerados cuyos activos y pasivos son los pasivos y activos de otros grandes conglomerados. Sin olvidar, claro está, a la muy interesada clientela pública.

Se ha demostrado sobradamente que tales monstruos financieros, en apariencia poderosos y feroces, son extremadamente sensibles ante cualquier mínima disfunción en los mercados. En lugar de construir enormes aparatos burocráticos de vigilancia y control (instituciones sobre instituciones públicas: más derroche de recursos ciudadanos) hay que podar de una vez el tamaño, las atribuciones y el ámbito de actuación de los titanes bancarios. Unos titanes propensos a generar más y más volatilidad cuanto más crecen.

John Kay, de nuevo, lo expresa muy bien:

¿Cómo podemos esperar estabilidad cuando la volatilidad incrementa el valor de unos instrumentos financieros cuyos propietarios son los mismos que toman todas las decisiones importantes o influyen en ellas?

Y para colmo, respaldamos de facto ese comportamiento declarando que dichos tinglados son "too big to fail". Así se las ponían a Fernando VII... 

El mejor supervisor de una institución financiera es otra institución financiera que compita abiertamente y no se encame con ella. Una competencia en sectores especializados, orientados a la prestación de servicios financieros a la economía productiva. Libre de servidumbres políticas, con reglas claras, claras limitaciones sistémicas y un objetivo irrenunciable: recuperar la vocación de servicio a la sociedad sin renunciar a la búsqueda del beneficio.

Ahí es nada...


PD: Si les apetece, pueden ver este interesante docudrama sobre los últimos días de Lehman Brothers. Como bien apunta mi apreciado Droblo:

La reacción de los mercados fue tan mala tras esta única quiebra bancaria que ha servido de justificación y excusa a todos los gobiernos del mundo para no encontrar apenas oposición en su política de gastar importantes y cuantiosos recursos públicos para salvar al sistema financiero.

Y así continuamos. Vean y reflexionen:

 


Motores en miniatura para un gran hombre

El mundo está lleno de maravillosos personajes anóminos, seres brillantes y luminosos que suelen destacar por un rasgo común: una humildad natural, innata, que les hace relativizar con discreción y silencio la importancia de sus logros.

Este es el caso José Manuel Hermo Barreiro, "Patelo", ingeniero gallego jubilado, cuya historia, recogida hace meses en los medios españoles, ha vuelto a recobrar vida en las redes sociales anglosajonas. No es de extrañar: José Manuel se dedica a fabricar artesanalmente motores en miniatura idénticos a los motores industriales, con una sola diferencia: funcionan con aire comprimido. 

Con independencia de la maravilla técnica de sus trabajos, lo que realmente me ha cautivado es la persona que uno advierte al escucharle hablar de su pasión. Destaco estas palabras en concreto:

Nuestro oficio se acaba. Hoy no hay quien repare: hay que mirar por qué se rompió esa pieza y cómo vamos a arreglarla. Ese el motivo de que ya no queden mecánicos así. Lo que hace falta es delicadeza, tener pasión y mucha delicadeza. Yo, cada pieza que hago, la acaricio como si fuera un bebé... estas piezas tan pequeñitas... pero no es paciencia. Es pasión. Pasión por la mecánica. Esa es mi idea de pensar.

Aunque Don José (que no tiene Internet) habla de mecánica, lo que nos cuenta va mucho más allá: es una enseñanza para todos los demás ámbitos de la vida. ¿No creen?

Comparto también el asombroso vídeo sobre la construcción artesanal del motor V-12 más pequeño del mundo. No sé a ustedes, pero a mí me parece magia. De la buena.


Creativos al poder

Hay campañas publicitarias que por su ingenio, ironía, frescura e irreverencia merecen ser recordadas, como esta de JavaZone (conferencia anual noruega de expertos en Java) del año 2010:

Pues bien, los chicos de Javazone han ido manteniendo el tipo creativo durante estos últimos años. Sus vídeos promocionales siguen mereciendo la pena. En su Web los tienen recopilados, empezando por la estrella de 2014, Game of Codes