"No está"

science-Albert-Einstein-Formula-Mathematics-Physics-Special-relativity-artwork-poster-Print-Decor-12-x18-Custom-Print.jpg_640x640.jpg

Para Luciano, in memoriam

“No está”, me dije.

Así. En un instante, hurtado su cuerpo de la materialidad del mundo, arrancada su voz de mi partitura cotidiana, extinguido su olor en la frontera de las cosas. No estaba.

Se fue, pero nada se detuvo. La vida prosiguió inexorable para los que todavía permanecimos, nos negó el respiro de un dolor quieto y paciente, el consuelo de una foto fija ante la que suspirar hondo y ofrecer un adiós más consistente y mejor hilvanado. Nos aturulló con papeles y ruidos, nos acogotó con las rutinas administrativas de la muerte y un puñado de urgencias insoportablemente triviales.

No está, pienso ahora, y sigo braceando en el vacío, tratando de recrear una última caricia. Los silencios se llenan de palabras no pronunciadas, los pensamientos de intenciones nonatas y en cada esquina habita una certitud de ausencia. Su voz en el contestador me anima a responderle más allá de toda esperanza y su último correo en la bandeja de entrada cobra hechuras de epitafio. No está, pero nunca estuvo tan presente. Es entonces cuando me doy cuenta: no se ha ido.

Lo advierto camuflado en mi rutina mañanera ante el espejo, guiñándome tras alguno de mis gestos, tan suyos. Me acompaña discreto cuando observo el mundo, cuando disfruto de la música que a ambos os gustaba, cuando leo las últimas palabras de nuestros columnistas preferidos. Advierto con emoción como pervive también, rotundo, en los ojos de mi hija y en tantos otros afectos familiares. Siento su pulso en ese reloj preferido que ahora porto, y escucho en silencio su viejo consejo ante nuevos azares. El dolor parece así menos árido, una carga algo más mullida y confortable, aunque dolor al fin y al cabo.

Y no. No se ha ido.

Su materia ha estallado por doquier en cuantos de luz, en polvo de estrellas sobre objetos, ideas, sueños, querencias, transformada para siempre en parte inextricable de nuestra existencia, hasta que el universo quiera y nos olvide a todos.

No se ha ido.

Está, y Einstein era un puto genio.  

Memorias sobre finanzas personales

finanzas-personales-domestica-tu-economia-sebastian-puig-e1508757256542.jpg

Mi anterior post publicado en Domestica tu Economía analizaba, a través de la evolución de los presupuestos familiares españoles, el importante cambio económico que ha tenido nuestro país en los últimos 50 años. El artículo interesó mucho a Luciano, mi padrastro, pero más me interesó a mí la conversación que vino después. A sus 82 años, Luciano conserva una memoria prodigiosa, capaz de recordar con precisión nombres, cifras y detalles de hechos ocurridos hace muchas décadas. Decidí aprovechar ese don para compartir con los lectores un retazo de cómo eran las finanzas personales de aquel entonces. Sirva este artículo para completar el homenaje que hace tiempo escribí aquí mismo y que se convirtió en uno de los artículos más leídos del blog.

Leer el artículo completo...

La vida en las trincheras

maxresdefault.jpg

Tras los terribles ataques en Barcelona y Cambrils y de unos voluntariosos amagos iniciales de unidad, parece que estamos entrando en un final de agosto triste y canicular en todos los sentidos. Un período en el que volveremos a estar condenados a malvivir dentro de las trincheras ciudadanas, por culpa de un marasmo ético y político que nos retrotrae a las peores épocas de desencuentro patrio...

Leer el artículo completo en Ecoonomía de Crónica Global.

Barcelona: Seguridad Razonable Versus Riesgos Inaceptables

banderas.jpg

He querido dejar pasar un tiempo razonable desde los ataques de Barcelona y Cambrils por necesidad de duelo y homenaje a las víctimas, que merecen un análisis más pausado y respetuoso de lo ocurrido. El día del atentado, no obstante, dejé anotados unos apuntes sobre el incidente en mi timeline de Twitter para esta reflexión posterior, que considero absolutamente necesaria. Son comentarios nacidos de la perplejidad y la rabia contenida, pero que sigo suscribiendo punto por punto, ante el casi convencimiento de que se hubiera podido hacer algo más para, si no evitar, reducir el impacto de la masacre.

Una vez recuperado del estupor, que no del dolor, y comprobado que familiares y amigos de mi ciudad natal se encontraban a salvo, mi siguiente pensamiento fue el expresado en el tuit anterior. La protección de las grandes zonas peatonales urbanas es un tema que me preocupa y que sigo muy de cerca, porque como ciudadano me concierne. En primer lugar, vivo en Bruselas, otra urbe golpeada duramente por el terrorismo y donde la amenaza resulta, si cabe, todavía más evidente que en mi querida Barcelona. Asimismo, viajo a menudo por capitales europeas, algunas de ellas también atacadas, y más de una vez. Finalmente, la seguridad y defensa es una de mis áreas de conocimiento. Las medidas de protección pasiva son algo habitual en mi mundo.

Con tales mimbres, tal vez puedan comprender mejor mi especial susceptibilidad sobre la cuestión, sentimiento agravado por las declaraciones de algunos personajes públicos y, sobre todo, del Conseller d'Interior de la Generalitat, el señor Joaquim Forn i Chiariello. Preguntado por Carlos Alsina en su programa matinal Más de Uno sobre la inexistencia de bolardos u otras barreras que hubieran podido detener la furgoneta asesina, el señor Forn apuntó que lo descartaron porque no tenía sentido y que “no servía” para prevenir atentados porque literalmente “habría que cubrir toda la ciudad” con dichos dispositivos. Y se quedó tal cual. Por otro lado, el Ayuntamiento de Barcelona, con su verbosa alcaldesa a la cabeza, ha hecho mutis por el foro con el tema. No toca ni tocará.

El problema es que el argumento del Conseller resulta impropio de un cargo de su entidad, y sólo puede pasar desapercibido entre ciudadanos desinformados o apáticos, que no se molestan en profundizar en la sustancia de lo que dicen sus dirigentes. Lo primero que deberíamos recordar es que el uso de vehículos para atentar masivamente contra personas resulta algo ya demasiado habitual para no haber reaccionado a estas alturas. En los últimos 13 meses han ocurrido ataques de este tipo en Francia, Alemania, Suecia y Reino Unido, con muchas víctimas. La colocación de barreras físicas tales como bolardos (fijos, retráctiles o desmontables), grandes jardineras, vallas de cemento o similares, es una medida que se está implantando en diversas ciudades europeas.  No podemos argumentar, por tanto, que no estábamos avisados y que no existían precedentes a seguir.

ramblas-1.jpg

Es más, el pasado 20 de diciembre de 2016 la Comisaría General de Seguridad Ciudadana de la Dirección General de la Policía (Ministerio del Interior) envió un comunicado a todas las comunidades autónomas para indicar a los ayuntamientos que tomaran medidas concretas de prevención ante un posible atentado yihadista durante las Navidades. En la misiva se instaba a “establecer medidas de protección física que impidan ataques de similares características en lugares de alta concurrencia de personas”, apuntando que “se debería llevar a cabo por los Ayuntamientos mediante la instalación provisional de grandes maceteros o bolardos en los accesos”. La carta, como informó en su día El Periódico, “no gustó en Cataluña”. Recomiendo leer la noticia y las explicaciones, dan que pensar. El caso es que al final se descartó la instalación de barreras permanentes en ubicaciones clave, por motivos que todavía no consigo entender. Resultado: Las Ramblas no contaban con esos dispositivos de protección pasiva durante el fatídico 17 de agosto de 2017.

No pretendo afirmar con ello que el atentado se hubiera evitado, ni mucho menos, pero los terroristas hubieran dispuesto sin duda de MENOS alternativas. Como contaba un testigo de los hechos, desde Plaza Cataluña, la única dificultad que encontró la furgoneta Fiat Talento fue un bordillo bajo. Una vez en Las Ramblas, circuló por el carril central, esquivando los laterales para no chocar contra Canaletas, los quioscos de prensa o los puestos de flores. Casi 800 metros sin otros obstáculos que los malhadados viandantes.

De todas formas, para ser ecuánimes, lo descrito no sólo ha ocurrido en Barcelona. Justo después del atentado barcelonés, en la calle Preciados y otras áreas peatonales de Madrid aparecieron, casi como por arte de magia, jardineras disuasorias donde horas antes sólo había un espacio tan despejado y franco como el de Las Ramblas. Esto es, las recomendaciones de Interior no sólo quedaron en saco roto en Cataluña. De nuevo, silencio en la Comunidad y Ayuntamiento madrileños, por no hablar de los medios. En los próximos días, cabe esperar razonables medidas similares otras ciudades españolas. El refrán de las barbas del vecino se nos queda corto. Reactividad frente a proactividad.

Preciados.jpg

En este punto, debemos entrar en el argumento principal que aducía don Joaquim Forn (y otros) en sus declaraciones. En efecto, resulta IMPOSIBLE y también económicamente inasumible proteger con bolardos TODAS las vías peatonales de ciudades tan activas y populosas como Barcelona o Madrid. Y aunque se pudiera, no evitaría la posible ocurrencia de atentados de otro tipo. Pero ello no debería impedirnos actuar de forma selectiva, haciendo análisis sistemáticos de riesgos por zonas, teniendo en cuenta los antecedentes conocidos, la probabilidad de ocurrencia de un ataque de este tipo en la zona considerada y las consecuencias (impacto) de dicho incidente. Tales elementos se expresan gráficamente en una matriz de riesgos que cualquier lector puede entender:

El esfuerzo principal de las acciones correctoras debe enfocarse en el rectángulo inferior derecho de la matriz, con un doble objetivo: primero, reducir al máximo la probabilidad de ocurrencia (que nunca será cero) y, segundo, minimizar las consecuencias. Esta es la principal razón, y no otra, de instalar protecciones en zonas escogidas como las Ramblas o Preciados. Sabemos sobradamente que son objetivos muy apetecibles para los terroristas, por la facilidad que presentan para hacer daño con una inversión modesta y sin apenas planificación. Sabemos que lo han intentado y conseguido en el pasado. Sabemos también que, de alcanzar su propósito, las consecuencias conocidas en términos de pérdidas de vidas humanas, propagación del terror y publicidad mundial son incalculables. Invertir en esas protecciones tiene un coste infinitesimal si lo comparamos con el inmenso daño que pueden evitar, mucho más si lo contrastamos con la naturaleza, cantidad y dimensión económica de otras inciertas partidas de gasto público. 

Argumentar que las defensas pasivas fomentan el miedo y la inquietud en los ciudadanos es risible. Oponer la incomodidad de su existencia y defender la suficiencia de otras medidas, como la vigilancia y la concienciación ciudadanas, resulta totalmente insuficiente. No existe, bajo mi punto de vista, razón técnica ni económica para no efectuar una instalación selectiva basada en un buen análisis de riesgos. Los argumentos en contra que he podido escuchar y leer mientras escribía la presente entrada siguen provocándome sonrojo e indignación.

Por supuesto, no me corresponde a mí exigir explicaciones ni dirimir el papel de unos y otros en estos momentos tan duros. Soy un simple analista. Cada uno sabrá la cuota decisoria que le corresponde en este drama, y en estos momentos la unidad es más importante que los reproches. Por ello pienso que lo prioritario, además de reconfortar a las víctimas y a sus allegados, es extraer lecciones inmediatas de lo ocurrido y adoptar medidas correctivas para remediar las carencias detectadas, aunque para algunos ya sea tarde.

Unidad, coordinación e intercambio de información e inteligencia entre todos los responsables de nuestra seguridad y FCSE, en todos los ámbitos de la administración y más allá de la lucha política, suponen el único camino posible. La consecución de una seguridad razonable no debe nunca hacerse a costa de la asunción de riesgos inaceptables, cuya minimización nos cuesta mucho menos que una campaña electoral y cuya negación puede acabar pagándose con mucho dolor.

Y por favor: no nos tomen por tontos.

Economía: de Teoría en Teoría y Juego a Ver si me Toca la Lotería

Samuel Brittan es uno de mis columnistas preferidos del Financial Times. Sus artículos, con los que se puede o no estar de acuerdo, son siempre interesantes e instructivos, y están magníficamente construidos y escritos. Para quienes no le conocen, recomiendo la lectura de "Against The Flow: Reflections of an Individualist", compendio de reflexiones de un muy ilustrado escéptico racional.

Hoy he recuperado un antiguo artículo suyo que sigue siendo tan actual como cuando se escribió, allá en 2012, " Why the world economy is still spluttering away ", en el que el autor efectuaba una revisión de las diversas aproximaciones teóricas esgrimidas como solución para la crisis. Aproximaciones que los políticos han ido haciendo suyas, pero a su manera, con desasosegantes resultados. Como afiladamente escribió Jesús Fernández-Villaverde en Nada es Gratis :

"Los políticos son peores de lo que nos imaginamos incluso una vez hemos tenido en cuenta que los políticos son peores de lo que nos imaginamos".

Les propongo un ejercicio: seguir el mismo razonamiento que Brittan hizo entonces. A ver dónde nos lleva...

Teorizando

El autor detectaba entonces la renovada vigencia de aquella "ley psicológica" formulada por Keynes (sí, de nuevo él) según la cual los cambios en la tasa de consumo siguen, en general, la misma dirección (aunque a menor ritmo) que los cambios en la tasa de ingresos (renta). Ello genera un gap entre la producción potencial y la real . La respuesta fácil a este hecho en estos últimos años ha sido atribuir tal diferencia a China, donde una enorme proporción de sus ingresos nacionales se ha dedicado mayoritariamente al ahorro en lugar de canalizarse hacia su economía doméstica.

Cabe reseñar, no obstante, que China sólo es una más entre un amplio abanico de naciones "altamente ahorradoras". ¿Cómo puede el mundo resolver este desequilibrio sustancial? Algunos afirman que generando oportunidades de inversión suficientes para absorber ese exceso de ahorro . Muy bonito en el papel, pero tales oportunidades no surgen de la nada.

Los economistas "clásicos"dirían, por otra parte, que lo mejor es seguir una política de bajísimos tipos de interés, lo que estimula la inversión y disuade el ahorro . Una política que, como estamos comprobando en nuestras propias carnes, no tienen los fantásticos resultados esperados. Tanto entidades financieras como inversores institucionales y particulares se lanzaron a la caza de rendimientos a todo trance, mediante una cadena de endeudamiento global que nos estalló y nos volverá a estallar en la cara de no ponerle remedio.

Creatividad ante todo

La tercera vía que se ha intentado es la de combinar bajos tipos de interés con la acción directa de los bancos centrales . A tales iniciativas se las ha denominado con apelativos tan sugestivos como "quantitative easing (QE)", un término ya habitual por uso y abuso. No pocos analistas aciertan al sugerir que tales políticas acaban siendo instrumentos de financiación para los gobiernos y nos conducen a sendas peligrosas, aunque en su momento contribuyeran a paliar los efectos del crack de 2007. En algunos casos, tales iniciativas han resultado mejor que nada.

Una aproximación alternativa argumenta que cuando el sector privado está gastando tan poco es la oportunidad de aplicar "estímulos fiscales": más gasto público y recortes provisionales en los impuestos . Si bien pueden obtenerse resultados a corto, la combinación de ambos mecanimos constituye una potencial arma de destrucción económica masiva en el largo plazo.

Una ocurrente respuesta intervencionista consiste en actuar contra los países excesivamente "ahorradores", mediante sanciones impuestas por los organismos financieros internacionales . Se trata de una opción increíble visto el panorama mundial. Si no somos capaces, por ejemplo, de aprobar una sencilla declaración condenatoria contra muchos régimen brutales y/o autoritarios ni de apretarle las tuercas a Rusia por la vía diplomática, ya me dirán lo que costaría concertar unas líneas estratégicas globales para la economía.

Otra opción, que he escuchado en boca de varios locuaces ideólogos, tanto a la derecha como a la izquierda del espectro político, es regresar al proteccionismo . En inglés existe una expresión, que también utiliza Samuel Brittan: " beggar my neighbour (empobrece a mi vecino)", esto es, la elevación de aranceles y otras medidas para restringir las importaciones y mejorar así el saldo comercial. Una escalada internacional en este sentido reduce el comercio internacional, contrae el crecimiento económico y ningún país sale beneficiado. No sólo el vecino se empobrece sino nosotros también. Tampoco es el camino, me temo.

Más ideas a coleto: algunos sugieren compartir el trabajo disponible mediante la reducción obligatoria de la jornada de trabajo, jubilaciones anticipadas o medidas similares . Efecto real en la economía: reducción del poder adquisitivo y ninguna mejora del estancamiento. Más fiascos.

Otro buen número de economistas pretenden afrontar el problema atacando la desigualdad, de tal manera que las clases medias y humildes puedan tener más poder de consumo . Pero ¿cómo? ¿facilitándoles mayor acceso al crédito? ¿con mayor endeudamiento? ¿redistribuyendo artificialmente la renta con subsidios y subidas salariales desacordes con la productividad? En la práctica, ello acaba conduciendo a una contracción tanto de la inversión como del propio consumo. A las pruebas empíricas me remito.

También están los que contemplan una coyuntura recesiva como la vivida como un mecanismo de depuración y de reequilibrio , que fomenta la necesaria austeridad, sin advertir que en tales condiciones declina nuestro potencial productivo, la investigación, la innovación y la educación, auténticas claves para salir de este atolladero.

Por supuesto,les evitaré perder el tiempo hablando de los habituales unicornios populistas. Lo único que pretenden es regresar a modelos socieconómicos repetidamente fallidos, aunque los traigan disfrazados de modernidad y de servicio a "la gente". Ya conocen el refrán: aunque la mona se vista de seda...

Una gris prospectiva

¿Qué vamos a encontrarnos en el futuro inmediato? Pues según el señor Brittan (y coincido con él, porque ya lo estamos sufriendo en nuestras vidas), se dará una mezcla perversa de todas las políticas descritas, una especie de macedonia económica irracional y desequilibrada compuesta de frutos financieros dulces y amargos. Una orgía de intervencionismo demagógico y desacompasado con muy poco margen para la libertad económica, la sensatez financiera y la acción coordinada global. Menuda herencia para futuras generaciones.

Hay que borrar la vieja pizarra. Desechar fórmulas añejas, pensar diferente. Navegamos por aguas peligrosas, en medio de la niebla, sin faro que nos guíe y usando un mapa obsoleto que debemos esbozar de nuevo. No queda otra.

Las teorías económicas "que funcionaban", tal y como fueron formuladas y conocemos, agonizan. Qué viva la economía, pero por favor, ya va siendo hora de que sea otra.